Por Rosemary Lynch OSF y Alain Richard, OFM*
La NOVIOLENCIA ACTIVA nos llama a:
1. Aprender a reconocer y respetar “lo sagrado” en toda persona, lo que nos incluye y en todo lo creado. Los actos de la persona noviolenta ayudan a liberar de la oscuridad y del cautiverio “lo Divino” en el oponente.
2. Aceptarnos en profundidad, “quien soy yo” con todos mis dones, riquezas y fortalezas, con todas mis limitaciones, errores, fracasos y debilidades. Vivir la propia verdad sin orgullo superfluo, con menos ilusiones y falsas expectativas.
3. Reconocer que lo que me agravia y todo aquello que detesto en otro, viene de mi dificultad en admitir que esta misma realidad vive en mi. Reconocer y renunciar a mi propia violencia, la cual se hace evidente al decidir cuidar mis palabras, gestos y reacciones.
4. Renunciar al dualismo, la mentalidad de “nosotros/as - ellos/as”. Esto nos divide entre “Buena Gente – Mala Gente” y nos permite convertir en demonio al adversario. Es la raíz del comportamiento autoritario y elitista. Genera racismo y hace posible los conflictos y las guerras.
5. Enfrentar nuestros miedos y manejarlos no solo con valentía sino sobre todo con compasión y comprensión.
6. Entender y aceptar que la Nueva Creación, la construccion de la Amada Comunidad siempre se lleva a cabo con otros. Nunca es un acto “a solas”. Esto requiere paciencia y la habilidad de saber perdonar.
7. Vernos a nosotros mismos como parte de toda la creación con la que fomentamos una relación de amor, no de superioridad, recordando que la destrucción de nuestro planeta es un problema espiritual muy profundo, no simplemente científico y tecnológico. Somos UNO.
8. Estar dispuestos a sufrir, a veces hasta con alegría, si percibimos que esto ayudará a liberar lo Divino en otros. Esto incluye la aceptación de nuestro lugar y momento histórico con sus traumas y sus ambigüedades.
9. Ser capaces de celebrar, de regocijarse, cuando ocurre una transformación y cuando hay reconocimiento de una conexión que hasta entonces se ignoraba.
10. Ir más despacio, ser paciente, plantando semillas de amor y perdón en nuestros propios corazones y en los corazones de quienes nos rodean. Lentamente creceremos en el amor, la compasión y la capacidad de perdonar.
*dos de los fundadores de Pace e Bene